Papás al borde de un ataque de nervios

PADRES DESESPERADOS

¿Eres de los que engrosan la larga lista de papás y mamás que no saben  qué hacer ante las reacciones de su hijo o hija adolescente? O qué decir acerca de las ocasiones que te preguntas una y otra vez, ¿qué le pasó a tu dulce niñito que te buscaba para pedirte ayuda en sus tareas o la pequeñita tierna que jugaba con muñecas hace tan poco tiempo?

“Los jóvenes  buscan alternativas de expresión, exposición y  desenvolvimiento”

Sabes que ha crecido, que el tiempo de la adolescencia conlleva un sin número de cambios pero repentinamente se hace un abismo entre tu hijo y tu.

Se dice que cada 14 años hay un cambio de generación y por ende una revolución en modas, pensamientos y filosofías de vida; De tal forma que irremediablemente por mucho que hayas sido mamá o papá tempranamente, hay una diferencia generacional respecto a tus hijos.

A los ojos de los adultos “los chavos de hoy no son como los de antes”, sin embargo es una frase que hemos escuchado prácticamente a lo largo de la historia del hombre.

Lo cierto es que los adolescentes de éste siglo provienen de una sobre estimulación a los medios de comunicación, a la tecnología y a la influencia no sólo de su medio social inmediato, sino de millones de contactos mundiales que influyen en su comportamiento.

Hoy más que nunca, los jóvenes  buscan alternativas de expresión, exposición y desenvolvimiento diversas, a veces hasta ajenas a su cultura o comprensión que les den acceso a una apariencia globalizada y atractiva para sus iguales.

En los primeros años de vida, los niños toman como modelo a seguir a sus padres y figuras de autoridad; cuando llega la adolescencia los padres pierden este lugar principalmente por la rebeldía que caracteriza ésta etapa del desarrollo.

La adolescencia representa en sí, una crisis de identidad donde es necesario replantearse el modelo a seguir y se toma como punto de referencia a personajes públicos, famosos,  atractivos y de preferencia revolucionarios.

Muchos padres se preocupan y tratan de evitar a través de la imposición o la represión, que sus hijos tomen modas como los tatuajes, perforaciones, cirugías estéticas, ropa extravagantes y conductas subversivas.

Debemos recordar que el éxito de éstas “soluciones” no surten efecto en el 90 por ciento de los casos, ya que para los adolescentes el ingrediente de “prohibido” añade atracción y deseo.

Los limites a los hijos son indispensables y no sólo cuando llega esta etapa que suele ser tan difícil de sobrellevar para los adultos, sino desde los primeros años de vida.

La comunicación es otra de las opciones ofrecidas por los especialistas, pero comunicación no significa “hablar o charlar” con tus hijos.

Los jóvenes en la mayoría de las ocasiones no se identifican con sus padres por lo que no les resulta atractivo conversar con ellos. La comunicación entonces debe girar alrededor de actividades en común. Los adultos tendrán entonces que integrarse en su mundo; saber de su música, de sus intereses y su forma de expresarse sin juzgarlos. El adolescente toma en cuenta el punto de vista de los demás, siempre y cuando se sienta respetado en el suyo.

En realidad, no deberíamos decirle a nuestros jóvenes qué es lo que deben preferir o no, sino dialogar acerca de las consecuencias de sus actos y acompañarlos a que se visualicen a sí mismos siendo adultos con las decisiones que desean tomar en la actualidad y que posiblemente no tengan marcha atrás;  así como explorar las razones que los motivan a hacerlo. Es frecuente que cuando los chicos hacen conciencia de ello mediten más tiempo antes de llevar a cabo un plan.

Por último, es necesario “negociar” con ellos acerca de sus propósitos. Una adolescente por ejemplo, no debería realizarse ninguna cirugía estética hasta después de cumplir 18 años, pues el organismo aún no ha llegado al máximo de su crecimiento y desarrollo, por lo que podríamos acordar hacerlo hasta haber llegado a esa edad.

Los tatuajes y las perforaciones, pueden también implicar un peligro a su salud, por lo que es mejor supervisar el sitio donde se realizaran e incluso se puede sugerir probar con alguno temporal o de un tamaño discreto que permita no ser tan visible.

Un simple “no” es insuficiente para que tu hijo acepte tus condiciones. Es mejor ofrecerle tu punto de vista y sentir sin usar la violencia o el chantaje.

“Para los adolescentes el ingrediente de “prohibido” añade atracción y deseo”

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